Él era como un captus, fuerte, serio y perfeccionista..
Ella como un globito, fragil, alocada y desordenada..
Pasaban las horas juntos, felices, como dos niños...
Pero en las discursiones todo era mucho más dificil.. Ella lloraba por las noches, como si le faltara la vida, él apenas podía imaginarse lo mucho que le afectaba a ella cualquier pelea.
Eran la pareja perfecta, con lo bueno y con lo malo. Deseaban pasar la vida juntos, pero el orgullo podía con ellos. Era una relación basada en la sinceridad, el egoismo y los celos. Era una relación tan perfecta y a la vez tan posesiva. Se amaban, si, pero eran posesivos el uno con el otro. Aún así eso les gustaba.. Pero cuando llegaban las discursiones era como si un huracan acabara con sus vidas, era como si unos cimientos perfectamente colocados, sin hueco para los imprevistos, se desmoronaran. No sabían que hacer, eran como novatos en el juego del amor.. Ninguno cedía a pronunciar un perdon, ninguno era el primero en hablar.. Eran jovenes, pero eran como crios..
Él era tan captus y ella tan globito... Y a veces incluso el globito intentaba ser un captus y el captus era como un globito.. A veces nisiquiera se sabia quien era el captus y quien era el globito..
Aún si le preguntas a la almohada, podrá contar tantos llantos y tantas dudas.. Aún en sus cabezas hay algo que les hace luchar contra ese orgullo que les come.. Aun no se sabe quien debe ser el que hable primero tras la pelea.
Porque a veces todos queremos llevar la razón y a veces ninguno la llevamos, y en esos casos...
¿Quién debe dar su brazo a torcer?
Porque cuando llegan los huracanes ni el captus es tan fuerte, ni el globito tan debil.
Porque en una relación todos somos globitos, fingiendo ser captus, por miedo a que nos exploten, y aun así siempre llega algo que hará que seamos solo un simple globito abandonado, en busca de alguien que lo ame..